(Para ler a publicação em português clica em: A Arte de Aceitar a Simplicidade)

Reivindico la simplicidad
Hay días en los que quiero conquistar el mundo
y realizar grandes hazañas. Cuando en realidad, hay poco de eso en mi vida. Porque, si miro hacia atrás, veo que mis grandes logros fueron conquistados a través de pequeñas y sencillas decisiones.
Así que hoy reivindico la simplicidad de las decisiones cotidianas.
El ardiente deseo de alcanzar lo imposible, vivir constantemente la adrenalina en el amor, deporte, etc., nos está convirtiendo en seres frustrados en relación a nuestra vida cotidiana. Queremos vivir las increíbles historias de amor que vemos en los cines, pero si el «amor» no se presenta de esa manera, no es suficiente. Cada vez necesitamos vivir la vida de manera más extrema: la felicidad extrema, amor extremo, el extremo en el deporte; somos adictos a la adrenalina. Observamos la vida de otros a través de sus publicaciones en las redes sociales y pensamos que la «hierba del vecino siempre es más verde». ¡Eso nos frustra! Así que empezamos a hacer cosas locas para mostrar cómo somos interesantes. Por supuesto, todo esto debe estar registrado, fotografiado, publicado y compartido, de lo contrario no tiene sentido.


Un poco de todo eso se está convirtiendo en noticia de primera plana y circula constantemente en las redes sociales. Veamos dos ejemplos: Selfies extremos que han provocado la muerte de más de uno; tal es la preocupación que Rusia lanzó una campaña contra esta locura que se está generalizando (Pincha aquí para ver una noticia de «La Vanguardia» sobre el tema). Otro ejemplo es el insano «balconing», que significa saltar de un balcón a una piscina o otro balcón. Sucede mucho en España, entre los turistas jóvenes, resultando en muchos muertos y heridos.
¿Hasta dónde llegaremos para alimentar nuestra futilidad?
Realmente creo que es necesario reivindicar la sencillez de la vida, fomentar la contemplación y buscar el placer en las cosas pequeñas y cotidianas.

Para terminar, dejo un párrafo del libro «Padres brillantes, maestros fascinantes» de Augusto Cury:
Una persona emocionalmente superficial necesita de grandes eventos para tener placer, una persona profunda encuentra placer en las cosas ocultas, en los fenómenos aparentemente imperceptibles: en el movimiento de las nubes, en el baile de las mariposas, en el abrazo de un amigo, en el beso de quien ama, en una mirada de complicidad, en la sonrisa solidaria de un desconocido. La felicidad no es obra de la casualidad, la felicidad es un entrenamiento.
«La felicidad se puede hallar en las cosas simples, el problema es que hoy en día no basta sentirte happy, debe haber testigos que califiquen tu estado de happiness.» (Cubran Arellano – Blog Somos Felices)
¿Estás de acuerdo con lo que escribí? ¡Cuéntame tu opinión! Será un placer leer tus comentarios y aportaciones.



















