Cuando la vida te da un respiro, llena el pulmón de aire y sigue adelante.

Familia, casa, trabajo, estudios, perro, gato… todo requiere un poco de nuestro tiempo y cuando termina el día estamos exhaustos. ¿Nos hacen falta más horas durante el día? Bueno, posiblemente si tuviéramos más horas, llegaríamos al fin del día aún más cansados y frustrados. Pero, no es sobre eso que deseo hablar hoy.
Deseo hablar sobre aquellos raros momentos en que la vida nos deja respirar… una pausa dentro de la locura de nuestros días. Son como un “flash”, si no estás atento, o miras hacia otro lado (o con los ojos equivocados), el momento pasará sin ser percibido; peor aún, sin que lo vivas.
Me acuerdo que era una persona acelerada, adicta a la adrenalina del plazo final, dejaba todo para el último momento. Pensaba que todo lo que hacía era sumamente importante. Me decía constantemente: “¡Chica, el día es corto! No dejes vacío un minuto siquiera de tu día.” Siempre corriendo de un sitio al otro. Constantemente involucrada en un sin fin de actividades, tenía el pensamiento de que el mundo iba a colapsar si yo osara hacer un descanso. Hasta que… (y aquí me tomo un respiro para continuar) hasta que vine a hacer un master en España. ¡Fue un parón! Mi vida, que hasta el momento era una vuelta loca en montaña rusa, se transformó en un tranquilo paseo por un lago sin olas. ¿Como reaccioné al cambio? Me sentí horrible, como si fuera un delito tener horas libres durante el día; como si no estar súper, mega ocupada hiciera de mí una persona sin importancia. Recayó sobre mí una enorme apatía. Incluso el hecho de estar cerca de increíbles lugares para escalar, pedalear o simplemente caminar, que antes me motivaban, no fue suficiente para animarme. ¿Cual fue el resultado? Sufrí un ataque de ansiedad. Lo gracioso fue que pensé que me estaba muriendo. Mi corazón aceleró, no conseguía respirar… y de ahí adelante la cosa se desmadró… Fue así que, a los 27 años, me encontré en la consulta de urgencias con un ataque de ansiedad por falta de que hacer. Sería cómico si no fuera trágico. Leer más »


