Aquí encontrarás cuentos, actividades e investigaciones que promueven la educación y la terapia por medio de la narrativa. Claudine Bernardes es escritora y especialista en cuentos terapéuticos. Docente de narrativa en terapia en la Clínica Escuela del Instituto IASE con sede en Valencia, España.
Él solo tenía 3 años y su cuerpo de niño rebozaba de energía. Era la primera vez que visitaba la ciudad amurallada. Con sus torres, grandes portales y calles de piedra… estrechas calles de piedra… era un lugar mágico. La ciudad era antigua y llena de historia, pero para él eso no importaba. Su deseo instintivo, en aquel momento, era abrir los brazos y bajar volando por la calle de piedra abarrotada de turistas. Pequeños comercios, que vendían lo que sea para estimular los sentidos de los turistas, ladeaban la calle. Él se detuvo frente a una tienda de souvenirs y sus pequeños ojos brillaban. Estaba emocionado y aplaudiendo, como si estuviera delante de una impresionante orquesta de música. Pero, el objeto de su felicidad era un simple molinillo. Tenía muchos colores y giraba impulsado por el viento otoñal, hipnotizando al niño. ¡Ah! ¡Qué ingenua y simple y pura puede ser la felicidad!
Fotografía, edición y Texto: Claudine Bernardes
Confieso! Me encantan las calles estrechas. Cuando son de piedra me llevan al delirio. Si además sumamos una muralla y un castillo en ruinas… vaya … ¡Me siento en el cielo! Y Morella tiene todo eso y más. Es una ciudad pintoresca del interior de la provincia de Castellón. Las comidas típicas son increíbles y las casas, pegadas unas a las otras, muy viejas, todo … todo de piedra, me hace delirar. Por supuesto, me invita a escribir.¡ Es una fuente de inspiración! Cada rincón, barandillas oxidadas, puerta … ah … como me gustan las puertas. He estado allí muchas veces, pero una de ellas fue muy especial. Grabé este momento único a través del relato que leíste arriba y también de algunas fotos. Pues bien, hoy no escribiré mucho, pero te dejaré algunas fotos de este lugar increíble que me inspira a escribir. Espero que te guste.
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Cada paso era un calvario. Un pie tras otro, con dificultad, con dolor, pero sin perder la determinación habitual. Así anduvo por 20 metros que parecieron 20 kilómetros. Se sentó lentamente en un banco de madera y sintió un dolor sordo en la cadera. La sonrisa que siempre había sido su compañera inseparable ya no estaba con ella. Su piel apagada y los ojos arrugados de dolor le dejaban con más años de lo que realmente tenía. Esperaba. Mientras esperaba observó el mundo a su al rededor. Todo parecía igual, pero ella había cambiado. Las personas iban y venían rápidamente a través de la puerta automática; llegó una ambulancia transportando a alguien cuya vida pendía de un hilo; una señora caminaba rápidamente llevando documentos bajo el brazo. «Islas! Somos todos islas!» – Pensó, resignada. «- Vivimos aislados en nuestro propio microclima.» Posó la mano sobre vientre y se acordó de que estaba vacío. Una vez más el dolor dominó sus sentidos. Sin embargo, no era un dolor físico, que este también estaba, era otro dolor. El dolor de los que no habían amado lo suficiente. El agudo dolor de percibir su falta solamente después de la pérdida. Dos semanas antes todo era diferente. Había pasado por las puertas del hospital con la ilusión de ver por primera vez su pequeño bebé. En aquel momento la sonrisa era todavía su compañera. Habló de manera relajada con el ginecólogo y cogió con firmeza la mano de su marido, mientras la máquina de ultrasonido recorría su vientre y … Se dio cuenta. La sonrisa del doctor había desaparecido, algo andaba mal. El pequeño cuerpo estaba inerte, no había más vida dentro de ella; fue la noticia que de pronto recibió. El médico explicó que su pequeño corazón había dejado de latir hacía cuatro semanas. Durante estas cuatro semanas, su útero había sido una tumba, sin que ella se hubiera dado cuenta. El coche se detuvo a pocos metros, y ella se levantó lentamente para evitar el dolor. Pero el mayor dolor no podía ser evitado, ya que en su interior sabía que no había amado lo suficiente. (Claudine Bernardes)
Perder a alguien siempre trae demasiado dolor, puedo decirlo desde el punto de vista de alguien que ha sufrido muchas pérdidas. Recuerdo lo mucho que he sufrido y cuánto lloré al ver el cuerpo sin vida de mi padre cuando tenía sólo siete años. Lloré desconsoladamente durante horas, lloré durante días, hasta que poco a poco el dolor fue pasando. Pero el dolor de la pérdida, sumado al remordimiento es algo que realmente puede ser destructivo. Muchas personas caen en la depresión después de pasar por una experiencia semejante. Hijos que no hicieron lo suficiente por sus padres; padres que no mostraron amor como deberían; esposos y esposas que solo se dieron cuenta de lo mucho que amaban después de perder. Si estás pasando por algo semejante, te dejo algunas sugerencias que pueden servir de ayuda:
1 – Hacer el duelo: es posible que muchas personas con el deseo de ayudarte, pero con poca sensibilidad, digan: «Levanta la cabeza y sigue adelante». Pero, antes de levantar la cabeza y seguir adelante es importante pasar por un período de duelo. ¿Qué es el duelo? Tal como se define en el Diccionario Priberam, duelo es el proceso durante el cual un individuo puede desligarse progresivamente de la pérdida de un ser querido. La psicóloga Clarissa Franco enseña que «El proceso de duelo es necesario para la reconstrucción de la persona que pierde a alguien. Y como todos un día harán frente a la pérdida, es importante construir un espacio colectivo que legitima el duelo como algo necesario, no solamente para la persona que sufre el duelo, sino también para la sociedad. El proceso de duelo regresa a los afligidos la oportunidad de una nueva historia. » Por lo tanto, llore sin miedo, es un derecho y una necesidad.
2 – Aceptar el apoyo de amigos y familiares: Es normal que después de una pérdida, sea necesario un espacio propio para vivir el duelo. Yo necesité este espacio! Pedí a mis amigos que oraran por mi recuperación emocional, pero también les pedí que me dejaran un espacio para pasar por el duelo. Elegí retirarme un tiempo hasta que me sentí capaz de hablar sobre el tema sin romperme en llanto. Por otro lado, tener gente a mi alrededor, como mi marido y mi madre (personas que respetaron mi silencio) me sirvió de apoyo moral y me ayudó mucho.
3 – Expresar los sentimientos: Una vez que ya te encuentres en condiciones de hablar de tu pérdida, exterioriza tus sentimientos. Hable con personas de confianza. Si te sientes culpable por no haber dado tu mejor; si el remordimiento te está ahogando; hablar de ello puede ayudarte a ver las cosas de manera diferente. Es importante poner voz a este sentimiento. Algunas personas prefieren convertir los sentimientos en palabras, si es tu caso, ¡hazlo! Te puedo asegurar que también funciona.
4 – Perdónate: Nadie es infalible, tampoco tú. Todos nos equivocamos, aceptar esta realidad, perdonarse y aprender de esta experiencia te ayudará a superar tu dolor. Tenga en cuenta que autoflagelarse con el remordimiento puede convertirte en una persona amargada. Las personas amargas no pueden amarse y tampoco, amar a los demás. ¿Es lo que quieres para ti?
5 – Busca consuelo en Dios: A lo mejor me contestes: «Esto no lo puedo hacer, porque no soy una persona religiosa.» ¡Bien! Yo tampoco. Dios no es religión, es amor y el amor es una relación. En Mateo 11:28, Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» Habla con Él, dile cuanto te sientes adolorido y frustrado, llora, pide perdón y acepta el perdón. Como alguien que vivió la experiencia de la pérdida y remordimiento en primera persona, te puedo asegurar que recibir el abrazo de Dios ayuda mucho.
Por último, tenga en cuenta que todo en la vida pasa. Deja que la vida siga fluyendo, porque «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30: 5b)
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(Tanto este libro como los enlaces del texto están en portugués)
Foto de archivo: Claudine Bernardes
El autor de este libro, «Tuco Egg» es uno de esos cristianos que no encajan en la estructura actual del cristianismo brasileño. Un tipo agradable, que le gusta aventuras «montanhescas» y tereré con limón. Conocí a Tuco y su agradable familia en un inusual viaje al Petar (Parque Estatal de Turismo de Alto Ribeira). Él, juntamente con un grupo de los Montañistas de Cristo, que me recibieron con los brazos abiertos, incluyéndome en su aventura sin haberme conocido con anterioridad.
Por esta razón me quedé muy curiosa cuando descubrí que Tuco había publicado un libro. Hice lo posible y lo imposible para conseguir traer su libro desde Brasil y finalmente lo he conseguido. Pero, ¿qué es esto de «iglesia entre comillas«? Tuco Egg abre el segundo capítulo de su libro con una citación bastante interesante:
Es difícil no pensar que, hoy en día, uno de los mayores obstáculos que se interponen en contra del evangelio de Jesucristo es la iglesia institucionalizada. (Snyder 2001: 23)
Esta «iglesia institucionalizada», que es en realidad la iglesia entre comillas indicada por el autor, no se asemeja en nada a la Iglesia de Jesucristo: un cuerpo formado por personas, no un templo hecho de piedras. Sin embargo, hoy en día se observa que para esta iglesia el «creyente» es un cliente y «… mantenerlo interesado es una cuestión de supervivencia.»
Tuco sigue revelando la triste realidad del «cristianismo» (también entre comillas) al decir: «El cristiano moderno tiene programas de música, revistas, radio y televisión, marcas de ropa, librerías, eventos, ferias, restaurantes, conciertos, danza, teatro destinados al entretenimiento. En nuestra actual realidad cristiana, el éxito en el discipulado significa crear otros creyentes tan raros y alienados como a nosotros mismos «. Estas son palabras muy fuertes, pero era necesario decirlas.
Me di cuenta de que la intención del autor no es criticar por criticar, porque él es un cristiano comprometido y sincero. Por esta razón, señala y revela el problema, pero también nos invita a pensar, reaccionar y encontrar una solución. No nos conformemos a la iglesia entre comillas, vivamos la Iglesia de Cristo, la Novia, que no tiene puertas, ventanas o paredes. Porque esa Iglesia verdadera debe tener su mano extendida para ayudar a los necesitados, los brazos dispuestos a abrazar a los que buscan amor, pies para caminar y alcanzar a los perdidos, y especialmente la boca abierta para predicar el verdadero Evangelio de Cristo.
Fotografía, frase y edición: Claudine Bernardes
Puedes echar un vistazo en el blog de Tuco «A Trilha» (el sendero); allí encontrarás otros textos suyos. Su libro «Igreja entre aspas» fue publicado por la Editora Grafar.
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